lunes, 16 de julio de 2012

El Comercio de los Rostros Políticos.




A un día de que nuestro destino entre en manos de los nuevos gamonales y de que en ejercicio de “nuestra democracia”  elijamos a los gobernantes que nos “representaran” (nótense las comillas) cabe reflexionar sobre los mecanismos que los “políticos” utilizan para lograr sus objetivos.
El primer punto de reflexión parte de la ausencia de ideales. Como sociedad hemos abandonado las costumbres del partido, que por malos y perversos que fueran representaban una ideología de un común, de una renuncia a nuestra identidad o intereses de un colectivo o grupo social, pasamos a hacer parte de la tendencia individualista que ha venido marcando el desarrollo del mercado y la tecnología en la última década. Ya no votamos una ideología sino que votamos un rostro, dejamos de elegir por un bien común y empezamos a trabajar por un interés particular, nos trasladándonos de una política común a una política individual, a una política privada. Sin embargo esto no es culpa única de los electores, a los partidos políticos les debemos también responsabilidad por este fenómeno, puesto que han sido ellos quienes en un acto burocrático y capitalista privatizaron los ideales de un pueblo para acomodarlos a una clase económica específica y a unos intereses únicos, individuales y no comunitarios. Esta forma de manejar la política no ha sido una tendencia actual, sino que se ha venido forjando desde años atrás, desde el preciso momento en que alguien vio la política como un negocio, un claro ejemplo de esto es Juan Carlos Martínez, preso hace más de un año por parapolítica, quien astutamente ha conformado toda una empresa de avales a través de los partidos MIO, PIN y Afrovides, que actualmente cuenta con cinco candidatos a gobernaciones, 101 para asambleas, 106 en alcaldías y 2.363 aspirantes a concejos, con los que piensa sobrepasar los actuales  seis diputados, diez alcaldes y 156 concejales que tiene bajo su mando y su poder, ¿será su candidato uno de ellos?. A esto se le puede sumar, compra de votos, fraudes, agresiones, violencia, desapariciones y muertes.
Y como ahora hasta el voto en blanco, el único medio que había para expresar la inconformidad con el sistema político y los candidatos de turno, se volvió negocio;  el voto en blanco -casi en todos los casos el único candidato decente-; dejo de ser inconformidad para convertirse en rentabilidad: así que si no lo sabía, en el momento en que usted esté mañana haciendo la marca sobre algún candidato piense muy bien a quien le estará entregando el timón de este barco y que cuando esté mostrando su inconformidad a través del voto en blanco, estará entregando un cifra superior unos 15 mil millones, que tendrá que salir de los bolsillos del pueblo para sostener el artículo 28 de la reforma política por medio de la cual un grupo de descarados se apoderaron del voto en blanco, tras el titulo de promotores, a quienes se les reconocerán los derechos y garantías que ofrece la ley, incluyendo el moto que da el consejo nacional electoral
A lo largo de este año hemos visto inundada nuestras calles de numerosos afiches, carteles, tarjetas, pendones y volantes que cual estampillas de santos invaden todos los rincones, tanto privados como públicos, como imágenes de salvación para las plagas que acosan la sociedad colombiana. Guerra desenfrenada y sin moral en busca del poder, rostros tras rostros en un múltiple concurso en el cual la inmediatez nubla el trasfondo de sus intenciones, miles de millones malgastados, incontables recursos destruidos, sueños rotos, discursos, promesas, alabanzas, mierda y más mierda; y por supuesto, ninguno espera perderla platica, dinero que en muchos casos provienen de fuentes bastante sospechosas. ¿o sino por qué se esmeran tanto por ganar? No cree que si fuera por el bien de la comunidad, ¿no estarían haciendo más bien obras sociales en lugar de estar derrochando y haciendo “TODO” lo que sea necesario por ganar?
Bueno y si le sumamos la reposición que obtienen todos los candidatos que pasan el umbral, valga recordar que cada voto tiene un valor de 2500 pesos, el dineral que cuesta el papeleo y la logística, logística que va desde los millones de personas involucradas en desarrollo del proceso electoral, los procesos y las plataformas que manejan la información, el compensatorio de los civiles que actúan como jueces y jurados y otros cuantos pesos invisibles que circulan para el favor de unos cuantos políticos con contactos.  ¿Y de dónde cree que van a salir esos miles de millones? De nuestros bolsillos, de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo, dineros que caen en un círculo vicioso de corrupción, donde las ganancias no se le retribuyen ni a usted ni a nadie que no haga parte de ese círculo exclusivo en el que se ha convertido el gremio de la política, el negocio más rentable después del narcotráfico o  inclusive por encima de él según palabras de dudosos políticos de nuestra patria. Y después vienen los arrepentimientos, las pesadumbres, los malestares, las necesidades económicas que nunca nos han abandonado, la insatisfacción, la represión, el desempleo, la falta de bienestar, la negación de los derechos, la desigualdad, el hambre y más violencia.
Entonces después de todo este comercio de rostros y promesas, de mercaderes de sueños y puestos de trabajo, de circos burocráticos y carruseles de contratación, de ventas y compras de votos, está dispuesto a votar por los rostros se han deslizado debajo de sus puertas, cuelgan de las paredes, atraviesan las calles sin tomarse el trabajo de plena conciencia de lo que está haciendo, o es usted de los que van a votar por los múltiples beneficios que otorga el gobierno para los electores, tales como los descuentos, porque si ese así y no lo está haciendo porque está decidiendo su futuro y el de todos, déjeme decirle que también está haciendo parte del gran fraude, porque está usted vendiendo su voto y el destino de nuestra sociedad.
  


Redacción: Juan David López
Fotografía: Esteban Valencia

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