viernes, 22 de septiembre de 2017

El Nacimiento del Paisa



En el artículo se exponen una recopilación de ideas de algunos escritores del siglo XIX con una configuración del discurso hegemónico de los intelectuales como José Manuel Restrepo, Manuel Uribe Ángel,  Álvaro Restrepo Eusse) y de comienzos del siglo XX como Luis López de Mesa; en los cuales se busca establecer un común denominador de lo que representa ser antioqueño, entorno a la narrativa de la dificultad que representaba del entorno geográfico. Según estos autores el sobreponerse a las dificultades territoriales y llevar la región en aras de la “civilización” van a dar surgimiento al pueblo de la montaña, como esa sociedad de hombres tenases ante ese medio agreste y hostil que va a formar su carácter orgulloso, dinámico y emprendedor. Lo que vemos acá, podríamos considerarlo un discurso regionalista y moldeador contrapuesto a las nociones del imaginario del poder colonial en la cual en palabras de Mon y Velarde era una provincia miserable y de habitantes vagos y perezosos.
En este sentido, los rasgos identitarios y característicos de los antioqueños hacen de estos y de su región los diferencian del resto en una escala nacional; ya que, el territorio estructura su identidad colectiva representados principalmente en las montañas, gente de la montaña, que compartían sus dificultosas características topográficas, y hacía de ellos un pueblo signado por la lucha y la confrontación permanente a la adversa naturaleza, en una lucha que forjó su carácter.
Estos ilustrados regionalistas, que desde nuestro punto de vista buscaban impulsar la región y el imaginario colectivo, y que definían el espacio geográfico, lo definían entre otras cosas como: adbrutas montañas, pendientes cordilleras, ríos terrenosos, áridos, estériles  y quebrados suelos,  de selvas impenetrables… toda una tierra arrugada, escambrosa, fangosa y confusa entre la cordillera central y oriental. Este espacio impenetrable, encerrado y aislado no podía otra cosa más que atormentar a los hombres, bloquear la comunicación, impedir la movilización; pero esto en lugar de representar un obstáculo para sus habitantes se convirtió en un papel importantísimo para el “desarrollo y la civilización”; aunque a su vez, este aislamiento también  configura el conservadurismo y el apego a las costumbres.
Es así como vemos el nacimiento del mito del “paisa echao pa delante” denominados desde el siglo XIX por estos ilustrados como héroes, rudos, emprendedores, independientes y libres;  ponemos especial cuidado este termino de libres,  estos hombres que a pesar de todas las penurias fueron capaces de dominar la naturaleza y traer la “civilización”, verracos emprendedores que fueron capaces de sacar el oro y traer las mercancías desatando consigo las características de la creatividad, la persistencia y el emprendimiento, héroes prodigiosos adelantados y progresistas; o por lo menos así lo dejan ver nuestros ilustrados del siglo XIX.
Arrasar y tumbar monte es para la época un proceso de función “civilizadora”, es todo un proceso civilizador que contribuye a sacar del letargo y retraso de Antioquia;  inclusive, estos intelectuales de la época llegan hasta el punto de usar el lenguaje militar para comparar la colonización con la guerra  y a los colonos con el ejercito que lucha por la civilización, esto en palabras del mismo Juan de Dios Restrepo.
Sin duda,  es un discurso generador de identidad o identitario que incluso podría llegar a tener tintes o matices racistas, raza suprema, casi divina; en palabras de los intelectuales de la época sagrada: civilizar  es una  entrañable moción unificadora y cohesionadora de sentido y coherencia al proceso social que se llevaba a cabo. En este contexto, civilizar se traduce en la transformación por medio del esfuerzo y el trabajo, el “nosotros” que ha producido dominio y control sobre la natura en función de los valores paisas (familia, esfuerzo, trabajo, prosperidad, control territorial, tradición). Por otro lado ha sido un discurso casi xenofóbico, excluyente, pues el salvajismo y la barbarie es el otro (indios, negros y mulatos); y  lo no civilizado es el monte, lo inhóspito, las tinieblas, lo indomable, lo desconocido, lo incontrolado). Iniciando así, una larga cadena de mentalidad que continua hasta nuestros días de una visión “optimista” de bienestar y progreso, una transformación en la mentalidad de todo un grupo social que pasa de ser una provincia pobre y harapienta a un estado rico y próspero, donde, supuestamente, esta riqueza no se basa tanto en los recursos sino en el despliegue de los esfuerzos humanos, “en  la desmesura y dedicación al trabajo”. Dejando muy en claro que para estos ilustrados de época,  la pereza y vagabundería habían quedado atrás y que en adelante una de las mayores particularidades de la “raza” antioqueña serían la valoración y apego al trabajo que había formado el “carácter” en el imaginario antioqueño.  


miércoles, 19 de abril de 2017

Del maíz y otros males Americanos

Tus raíces en esta tierra son profundas como los origenes del maíz,
tu sangre a bombeado cerca del ecuador en la privilegiada montaña
como corazón con el pecho en alto,
tu mirada ha visto el amanecer de varias civilizaciones,
y tu llevas contigo la magia misterosa del atardecer.

lunes, 27 de marzo de 2017

Vuelvo a ti soledad



Agua vacía
Agua de imágenes
Tan muerta,
Hasta para ser payasos
Se requiere integridad e imaginación

Qué es esta soledad tan agobiante y terrible
Que me agrede y destroza
Frecuento lugares
por donde transita mucha gente para mitigarla,
para apaciguarla, para curarla
pero sólo logro agudizarla
buscando un gesto amable entre tantos desconocidos

es que es tan grande el daño que he hecho
que la vida me niega el amor
a este lo veo de lejos y de cerca,
a veces me coquetea, pero pasa de largo y no me toca

si no he sido para ser amado
de qué sirve haber venido
qué es esta frustración, este vacío, esta tristeza, este olvido

oh cruel sepultura de mi alma
para qué quiero yo una tumba

meretriz infame que la tierra cubra de llagas t sepulcro
y que tu sombra sienta el terrible tormento de la sed.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Reflexiones al Amanecer

El Arte de Habitar
Si ponemos en comparación nuestros “modernos” apartamentos, nos damos cuenta que en el patio de esta casa colonial cabrían dos de ellos y nos llenamos de envía y de nostalgia, todos quisiéramos en teoría poder habitar un espacio así. Pero si miramos con un poco de detenimiento, estas construcciones son más que simples casa, son vestigios históricos. En ellas vemos el surgimiento de una nación, pero no, esto no es una historia de blancos vencedores, este es tan sólo un pedazo fundacioncita de esta historia de mimetismo y mestizaje. Casas como esta, son el acenso, en su mayoría, de una clase baja española que encontraron en América la oportunidad de escalar en la cerrada pirámide social de la edad media, en la era imposible ascender en España, donde sí se nacía vasallo se estaba condenado a morir vasallo. El más albido ejemplo de ello es el “noble” conquistador Pizarro quien pasó de ser un simple criador de cerdos en España, a cruel conquistador del imperio incaico y posteriormente gobernador de Nueva Castilla como el mismo lo bautizo. Ahora bien, nuestra arquitectura es el reflejo de su mundo y su manera cuadrada de pensar, ciudades cuadradas, casa cuadradas, edificios cuadrados, habitaciones cuadradas para mentes cuadradas. Filosos bordos puntiagudos y punzantes como sus espadas; las maneras circulares de habitar de nuestros indígenas eran malsanas y profanas, había que “ordenar para controlor”. Ni el descubrir que todo tiende a lo circular, ni siquiera el descubrir que la tierra era circular los logro sacar de su mundo cuadrado. 218 años tardamos en independizarnos y comenzar a penarnos y crearnos como nación, hoy 207 años después de ese fulgor independentista es nuestro tiempo, nuestro mundo, nuestra patria. ¿ha evolucionado nuestra forma de ser o seguimos siendo de mentes cuadradas?

miércoles, 15 de marzo de 2017

Destino

Destino
Rosario Castellanos

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Qué cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es anima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
–antes que lo devoren– (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.