lunes, 12 de noviembre de 2018

Latinoamérica sumergida en el atraso debido al abandono estatal del espacio rural y la inminente amenaza de la desaparición de los campesinos como ahora los conocemos


El fracaso que viven los estados latinoamericanos se debe en principal medida a la falta de inversión del estado en el campo y al poco desarrollo industrial del mismo. La falta de estas dos variantes en nuestras sociedades ha dado como resultado un atraso que se traduce a un fracaso rural y por consiguiente institucional que se puede evidenciar en las grandes ciudades con conglomeraciones de pobreza y las grandes acumulaciones de los monopolios y monocultivos en los campos.
Ningún estado moderno exitoso se ha construido o consolidado con instituciones débiles, con agriculturas poco productivas, con estructuras agrarias atrasadas y de escaso dinamismo, con el espacio rural altamente segmentado, excluyendo al grupo social que conforma el campesinado, y sin invertir en políticas estatales que protejan la producción agraria y sus productores. 
De lo contrario, si los gobiernos y las instituciones no son eficaces y socialmente legítimas como en el caso colombiano, es imposible que se logren transformaciones que anulen las redes de la corrupción institucional y se destituyan los poderes oligárquicos que cambian el bienestar social por la represión estatal. Se necesita un estado fuerte institucionalmente que rompa con el persistente y paralizante circulo vicioso y corrupto que desangran los recursos de la nación.
Para que nuestros estados progresen se necesita un mayor papel promotor por parte del estado en la transformación agraria, la trasformación rural produce condiciones para desarrollo económico en general. Se necesitan gobiernos no oligárquicos para una administración pública efectiva que consolide el empoderamiento del campesino de las zonas rurales, que permita mejorar las condiciones de vida de la población rural. De lo contrario, seguiremos en un círculo de atraso sin salida, donde además de pobreza podremos estar a puertas de la desaparición del cuerpo campesinado tal cual lo conocemos ahora, pues la presión sobre la propiedad de la tierra ha terminado dejando al campesino sin tierra, y creando grandes emigraciones a las ciudades super pobladas que ahora tenemos en la región, llenas de desplazados, de desempleados, de pobreza, de hambre y capital humano subutilizado, arrancado de sus raíces, de su pasado, y excluidos del “modernismo y del progreso” del presente y ni que decir del “aliciente y prometedor” futuro.
El sistema inequitativo de tenencia latinoamericano actual, donde el 1% posee el 60% de la tierra cultivable y el 100% de las tierras más productivas, están acabando con el campesino y lo están convirtiendo en una nueva figura totalmente desarraiga, sin identidad social y vulnerable al servicio de las multinacionales y sus extensos monocultivos. Por consiguiente, el acto de destrucción de la clase campesina se constituiría en el acto final de la democracia, ya que es este la más fuerte resistencia al consumismo; desintegrando las sociedades campesinas se amplía el mercado, de esta forma el capitalismo se puede reproducir sin ninguna atadura al pasado ni ningún aprecio a la naturaleza ya que la agricultura moderna ya no lo necesita.
Sin consolidación de los campesinos donde ellos mismo se autorreconozcan y se empoderen de sí mismos y de sus tierras, y sin un estado regulador de las tierras que impulse las políticas y la tecnología agraria, nuestras “democracias” seguirán estando arrodilladas al servicio de las multinacionales mientras las oligarquías continúan enriqueciéndose. 

martes, 30 de octubre de 2018

El desarrollo rural: sine qua non del desarrollo nacional


“Para lograr el desarrollo se necesita mucho más que de la llamada modernización y tecnificación de la producción agrícola y ganadera, y del crecimiento y funcionamiento de los mercados…”

Liisa L. North



Los temas no son nada nuevo para nadie, pero se expone de forma ordenada y articulada algunas de las problemáticas que son muy visibles en nuestro campo colombiano y en la mayoría de los países latinoamericanos, donde por mucho tiempo las problemáticas del estado han estado aisladas de las políticas públicas gubernamentales; y al contrario de verse una pronta solución a las múltiples problemáticas que se presentan en sus territorios, se ven más afectados con las decisiones de los mandatarios neoliberales de la región que favorecen los tratados de libre comercio afectando los empleos rurales, que a su vez agudizan la competencia desigual con las grandes industrias, causando una mayor pobreza ente los agricultores.

Son, pues, necesarias políticas proteccionistas que permitan un campo sostenible y que puedan contar con representantes frente a los intereses privados y públicos. También es necesario una justa distribución de la propiedad, ya que la injusticia es visible principalmente en la presencia de monocultivos y monopolios, donde los latifundistas han destruidos las tierras y envenenados las aguas; además, generan empleos inestables que mantienen a la población por debajo de la línea de pobreza y a su vez la incrementan.

En estas zonas periféricas, la democracia es imaginaria o de papel, se violan derechos elementales como el derecho a la vida y a la libertad de organización social, además la concentración de la tierra y la falta de oportunidades de estudio son las principales causas de desigualdad y de pobreza. Es evidente que los estados están a favor o a la orden de empresas multinacionales, siendo este el motivo por el cual la mayoría de las veces los campesinos se ven afectados por las políticas estatales las cueles casi siempre salen favorecidas en los intercambios con las naciones; fiel ejemplo de eso es la Fruit Company o Chiquita como es su nombre actual luego de burlar las reglas, las ramas judiciales y los pueblos latinoamericanos. La población rural sufre las peores condiciones de desigualdad y pobreza y enfrenta una violación de todos sus derechos sociales, políticos y económicos, situación que alimenta la inestabilidad y la violencia.
Es urgente políticas campesinas para resolver los conflictos rurales, que resuelvan los problemas de la tenencia acumulada de tierra, políticas que mejores las condiciones de los campesinos, que generen mejores y dignos empleos, y que detengan las olas emigratorias. Ya que la reducción de la desigualdad en el campo puede disminuir la pobreza e incrementar el crecimiento económico nacional. El narcotráfico y las migraciones ilegales son producto de las políticas neoliberales y no son controlables sin el mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones rurales.