miércoles, 6 de abril de 2016

‘El Islam puede considerarse como el centro del mundo medieval’.



‘El Islam puede considerarse como el centro del mundo medieval’. 


Introducción
En este corto ensayo trataré de dar un esbozo e ilustrar la importancia del Islam en la edad media para el desarrollo de la cultura occidental, mostrando hasta qué punto puede ser considerada la cultura musulmana como el centro de la edad media. Abarcaré el concepto de centro desde el punto de vista geométrico y la concepción centrifuga del cristianismo para mostrar que el islam no fue sólo un centro, el poder islámico también puede ser considerado como una figura conductista, una parabólica, una parábola, un puente. Trataré de mostrar cómo esta figura de poder va a crear todo un imperio a partir de la fe, que le va a brindar movilidad a las ciencias y el arte, reactivando las “estáticas” ciudades de la antigüedad y dando nacimiento a muchas ciudades modernas, mostrando la importancia de sus avances científicos y del intercambio de conocimientos que llevaron de un lugar y de una cultura a otra. Intentaré mostrar cómo, en este caso, la fe mueve mucho más que montañas. Aunque debo aclarar acá, que esto no es un estudio a profundidad sino más bien una mirada a grandes rasgos.
Si bien, para todos la palabra centro nos resulta familiar cuando la escuchamos o pronunciamos en una conversación cotidiana, cuando entramos a mirar a fondo su semántica y significado nos damos cuenta que es una palabra que nos resulta difícil, confusa y ambigua, para ser genéricos y generales diré simplemente que el centro puede ser un lugar de donde se parte o se converge, un sitio de encuentro o de reuniones, una dependencia administrativa, un instituto de estudios o de investigación, el núcleo de algo, por ejemplo de una cuidad o una fruta, o el punto equidistante de una figura geométrica. Existen también términos como el teocentrismo que es una corriente filosófica cristiana acuñada en la edad media que supone que Dios es el centro del universo y lo rige todo, incluso la actividad humana. Así que cuando nos referimos al Islam como centro en un lapso temporal como es la edad media, ¿a qué nos estamos refiriendo? Digamos que a un centro de poder. Los centros de poder que son regiones en las que predomina un grado de influencia política, económica y cultural. En este punto deberíamos también definir qué es el Islam y qué es la edad media, pero daré por sentado que el lector tiene conocimientos previos sobre el tema. ¿Es entonces el islam el centro de poder que rige política, económica y culturalmente el mundo medieval? Veamos.

Sólo Alejandro magno, en el siglo IV a.c., había logrado consolidar un territorio casi tan basto como el que el estado islámico va a consolidar a partir del inicio de su expansión en el siglo VII de nuestra era. Este imperio fundamentado en la fe va a lograr integrar, en su edad de oro, desde las costas del atlántico hasta las estepas de Asia central, incluyendo las llanuras del norte de India y por supuesto el mediterráneo; logrando transportar mercancía desde las selvas y la sabana africana, desde los valles ribereños del lejano oriente, y desde los recónditos bosques del norte de Europa. Lograron reactivar el comercio, vitalizar y dinamizar, las por mucho tiempo, estáticas antiguas ciudades, va a ser fuente conductor de conocimiento, además de aportar grandes riquezas al capital económico de la época. Durante este periodo las antiguas ciudades sufrieron un cambio positivo reflejado en crecimiento, también hubo nuevas fundaciones de nuevas urbes y surgieron epicentros de poder como Bagdad, El Cairo, Fez, Córdoba, Isfahán o Samarcanda. Por mucho tiempo en los territorios islámicos tanto los musulmanes como los cristianos y los judíos convivieron en paz, gozaban de una buena vida, usaban buenos vestidos, tenían grandes casas y magnificas ciudades con calles pavimentadas, sistema de acueducto y alcantarillado, gozaban de una buena canasta familiar, porcelana china y lujosas alfombras; estos sofisticados ciudadanos del mundo islámico se daban el lujo de hablar de teología, de filosofía griega o de matemáticas indias.  Este tentador mundo permitía que comerciantes, ejércitos, y artesanos se movieran libremente a lo largo del mundo islámico casi sin ningún problema;  esta rica clientela tenía una alta demanda de libros, metalistería, cerámicas y textiles; y su ostentoso estilo de vida lo consideraban una recompensa por difundir su fe y la palabra de Alá por todo el mundo.  
En este punto nos topamos con la ciudad, entonces ¿podemos decir que es la ciudad un centro de poder o una parábola, un puente conector de conocimiento y poder? Pues, es la ciudad tanto un centro de poder como un puente de conexión de este, veamos por qué.
 Tras el establecimiento de Bagdad como la capital del imperio, esta ciudad se convertiría en un centro de poder y conocimiento, se convertiría en el centro de control político y a la vez asumiría el abanderamiento de las ciencias, la literatura y el arte, estas tres últimas perdurarían mucho tiempo después de declive. Ubicada en la región mesopotámica, entre el rio Tigris y el Éufrates, es una ciudad circular, amurallada con cuatro grandes puertas que recibían el nombre de los cuatro confines del imperio hacia donde estaba orientada cada puerta, con cuatro calles internas principales donde se destacaban la mezquita, el palacio del califa, una inmensa plaza situados en el centro de la ciudad; junto a estas grandes edificaciones encontramos que también cohabitaban la residencia de la familia del califa, su personal y sus sirvientes, pero también había cabida para los intelectuales y el conocimiento, la ciudad contaba con la biblioteca califal o la gran “casa de las ciencias”, esta extraordinaria institución contaba con un gran número de eruditos, traductores, copistas y encuadernadores. En este sentido la ciudad, en este caso de Bagdad, era el gran centro del poder y conocimiento, y a la vez un puente conductor de estos con el resto del mundo islámico.  
Bueno, ¿pero era un puente conductor para quién o qué? Pues a medida que el Islam se expandía, este se iba convirtiendo en un gran centro étnico e intercultural, debido a que diversas culturas se iban incorporando y tenían intercambio o contacto con muchas otras. Mientras que en sus comienzos el Islam fue difundido y compartido en su mayoría por árabes, en los siguientes siglos de su edad dorada lo van a llevar a unirse con multiplicidad de culturas: negros africanos, armenios, bereberes, circasianos, georgianos, mongoles, persas, turcos, bizantinos e ibéricos; quienes antes de la conversión al islam eran judíos, cristianos, zoroastros, budistas, chamanes o aminismas; de este modo el islam pasó de ser una religión tribal a convertirse en una religión universal.
Para que se dé el control de este vasto territorio, el islam va tener que afrontar primero múltiples problemas interno, los que va a llevar a la fundación de ciudades, nombramiento de jefes de poder, e incluso, a autonombramientos de príncipes, e incluso de sultanes. Se fundaron muchos centros de poder islámico a lo largo de todo el territorio conquistado desde las estepas asiáticas hasta España, donde se la comerciante ciudad de Valencia donde la edad antigua va a resurgir con el dominio moro. Vale resaltar acá que bajo el dominio musulmán, Córdova llegó a ser la ciudad más civilizada de toda Europa: estaba limpia, con buen suministro de agua, bien pavimentada y bien iluminada, en un momento histórico en que todas las ciudades europeas eran un completo caos, se hallaban sucias, oscuras, sin agua y repletas de enfermedades. Como ya lo he mencionado antes, tanto Córdova como el resto de ciudades islámicas contaban con una gran cantidad de grandiosos servicios, al igual que se desplegaba dentro de la ciudad una gama de magníficos edificios, que además se constituían como símbolos externos del poderío del mundo islámico: mezquitas, palacios, bazares, barrios, hospitales, santuarios,  aldeas, todas construidas con materiales locales pero que reflejaban el gusto y la tradición musulmana y se podían encontrar desde Córdova hasta más allá de Iraq.
Una de los fenómenos más sorprendentes del mundo musulmán en la edad media va a ser la movilidad de mercancías, es decir la importación y exportación de materias, introdujeron por ejemplo el arroz de la China o la caña de azúcar de la india, las naranjas, la berenjena, el limón, la mora, el plátano, la sandía, la nuez moscada, el café, entre muchos otros. La agricultura islámica va a hacer posible que el comercio prospere. A excepción de la península ibérica y de venencia, prácticamente todo el mundo europeo cristiano tuvo poco contacto con el mundo islámico, por su puesto me refiero al territorio como tal; entonces mientras el mundo cristiano vivía una relativa quietud en la denominada edad media, el mundo musulmán vivía su edad de oro islámica, donde quizá el aspecto más destacado fueron sus impresionantes ciudades como ya lo mencioné: muchas ciudades antiguas prosperaron, Jerusalén, Alejandría, Damasco, Venecia, Córdoba, por sólo mencionar algunas  y muchas otras fueron fundadas El Cairo, Bagdad, Túnez, etc. Por supuesto, la vida en la cuidad sólo era posible gracias a la producción agrícola y a la producción de excedentes de ésta. A esto es a lo que en economía se le llama rentabilidad, estos excedentes van a producir ganancias, especialización y división del trabajo, lo que a su vez va a permitir que el ser humano desarrolle otras actividades. Un pueblo económicamente rentable y con ingresos, por lo general va a generar conocimiento entorno la filosofía, el arte y la ciencia. Aunque el intercambio de mercancías también va a generar un gran intercambio cultural.
Los traductores en el mundo islámico medieval van a ser otro centro de poder y a la misma vez un puente trasmisor de vital importancia en la hegemonía y construcción de este imperio. La traducción y el estudio de obras ajenas al islam va a comenzar muy rápido en el siglo VIII, donde los primeros traductores van a ser intelectuales asirios cristianos que van a trabajar obras griegas. El griego va a ser la base de la traducción e introducción del conocimiento ajeno a las obras árabes, en poco tiempo se va a introducir en el mundo araba un vasto conocimiento griego sobre ciencia, medicina, matemáticas, geografía, astronomía,  geometría; y para finales del siglo IX el mundo moro va tener acceso a una amplia variedad de temas de múltiples regiones y de múltiples lenguas. En el siglo XII, Toledo se va a convertir en el centro de traducción inversa, va a ser el encargado de trasmitir todo el conocimiento recopilado por los árabes y lo va a poner a disposición del mundo occidental poniéndolo principalmente en latín, siendo el álgebra de Al-Juarizmi tal vez la obra más importante y reconocida, junto con una gran cantidad de obras principalmente de ciencia, filosofía y arte. Como resultado de este intercambio propiciado por los traductores, los escolásticos medievales van a lograr acceder a un sin número de fuentes. La traducción disfrutó de una gran popularidad en ambas culturas y contribuyó a la estimulación de la investigación, además de que el árabe enriqueció fuertemente nuestra lengua castellana con una gran variedad de palabras y conceptos.

A modo de conclusión, quiero mostrar con estos pocos y cortos ejemplos que si bien el mundo occidental o Europa estuvo sumergida en un mundo medieval, el mundo árabe vivió toda una edad dorada, siendo centro y puente, de poder económico, político, cultural, científico y artístico; y que sus grandes logros van a beneficiar el mundo modernos incluso hasta nuestros días.
Juan David López Villada
Bibliografía
j. Bloom y S. Blair. El Islam: mil años de ciencia y poder.
Henri Pirenne. Historia económica y social de la edad media.
Fernando Giron. Akal: historia de la ciencia y de la técnica. El oriente islámico medieval
Albert Hourani. A history of the Arab People
David Lindber. Science in the middle age