martes, 18 de enero de 2011

Consumete Navidad


Y entonces uno se pregunta: ¿Qué coños es la navidad? Y claro! La primera cosa que se le viene a uno a la cabeza son los chorros y los banquetes que uno se mete por esos días. Pero, ¿Navidad? Ya sé, seamos inteligentes vamos al DRAE (para los que no saben porque nunca se les ha ocurrido buscar una palabra aunque se la pasan chateando todo el tiempo, es nada más y nada menos que el honorífico Diccionario de la Real Academia Española) Navidad: natividad de nuestro señor Jesucristo, purrf! Pura mierda. ¿Qué tiene que ver la palabra Jesús con la palabra Navidad o natividad? Ni siquiera comparten una sola letra, se parece más la palabra Natilla. Pero como esto tiene que ser un escrito serio, vámonos a la antigua Roma, tierra de las grandes lujurias, a esa falsa y vendida Roma de nuestra era —suena hasta bonito eso de “nuestra era”—, donde existía la palabra nativitatis genitivo de verbo nascior. ¿Genitivo? Ah! Allá los romanos con sus problemas. La palabra navidad es una contracción de nativatatis, de nacer, la cual hizo su aparición, en la iglesia católica del siglo IV.

Si nos vamos un poco más atrás encontraremos que multiplex culturas celebraban el 25 de diciembre como el día del nacimiento de su dios, generalmente el dios sol, lo cual resulta muy comprensible ya que es en esta fecha que sucede el solsticio, en esta fecha el hemisferio norte ha pasado lo peor de la temporda y el sol renace entre el frio para comenzar todo un nuevo ciclo.

Jesús no nació el 25 de diciembre, todo es pura manipulación cristiana, en el 313 Constantino oficializó el cristianismo incluyendo su celebración del nacimiento. Epifanio sabía muy bien que los romanos paganos celebraban el solsticio invernal y el aumento de la luz, sabía que solían reunirse en la colina donde está hoy el Vaticano, también sabía muy bien que para el año 200 el cristianismo para contrarrestar el paganismo comenzó a celebrar la navidad, y éste cerró con la "epifanía", abarcando los 13 días de la celebración Romana pagana.

Por allá, hace como 2600 años en Babilonia, había una reina llamada SEMIRAMIS, qué también hubo concebido virginalmente, pero no por gracia del Espíritu Santo sino por obra y gracia del dios sol; Tamuz era la encarnación del dios en la tierra y adivinen, también nació el 25 de diciembre. Me suena algo familiar la historia, ¿Tendrá Constantino y sus falsas pretensiones religiosas algo que ver? Habría que preguntarle a Semiramis, Venus, Osiris, Tamuz, Baal, Moloc, dioses de las culturas babilónica, china, egipcia, india y de Roma imperial, que comparten la misma historia, pero que gracias al aplastamiento del sincretismo critiano pasaron a llamarse simple y llanamente la Virgen María y Jesús. En algunas de estas culturas se festejaba con grandes desenfrenos, orgias, y intercambio de regalos con amigos; en otras se solía adornar las puertas de las casas con flores y hojas verdes; se decoraban un árbol que simbolizaba la virilidad con frutas rojas en representación de la fertilidad y esferas amarillas en adoración al dios sol.

Jesús está siendo reemplazado por ese viejo panzón barbudo y canoso. Justo lo que faltaba, que los niños comiencen a pensar que este descarado icono del capitalismo y consumismo cumpla años el mismo día del solsticio. A finales del siglo III al sur de lo que es la actual Turquía, habitaba un cura, pero no el albino con cara de alcohólico que sale en todas partes en diciembre, sino más alegremente pimentado; de este personaje se sabe que en navidad le gustaba dar regalos a niños y adolecentes desamparados, aunque hay cierta sospecha de que lo que tenía el hombre eran ciertas tendencias pedófilas –pero no puede haber sospecha donde no hay delito, si pal pontífice esto no es pecaminoso y hasta era normal hace un par de décadas que lo vamos a juzgar nosotros que somos todos unos pecadores.

Coca- Cola en 1931, retoma la historia de este gordo bondadoso y lo viste del rojo emblemático, rojo como la sangre que ha hecho correr esta compañía; así aparece Santa Claus cagado de un montón de basura tecnológica desechable, que además de acabar desenfrenadamente con los recursos naturales del planeta y poner en riesgo el equilibrio natural, abre cada vez más la brecha social.

Estas compras desenfrenadas no son otra cosa que la descomposición de la sociedad de igualar la felicidad personal a través de bienes y servicios. El miedo a perder estatus social al no estar a la vanguardia, siendo víctimas de la obsolescencia planeada, donde las empresas de manera muy calculada no le dan 3 años de vida a estos aparatos, para que después de ese corto tiempo tengas que comprarles uno nuevo.

¿Realmente necesitamos tanta basura? Al parecer cada vez estamos más perdidos en este mundo, y quienes no encuentran el sentido de sus vidas, tratan de comprarlo. Para los afortunados que leen esto y que vivieron una infancia sin computadores, celulares, msn, facebook o cualquiera de todas estas maricadas, sin las cuales actualmente es “imposible vivir”, mi más sincero pésame; pobrecitos, les tocaba jugar con juguetes de verdad, nada de tecnología basura que deja de funcionar cuando uno apenas la está aprendiendo a usar. Esos si eran juguetes de verdad, un poco rudimentarios como la clásica maraca de tapas de gaseosa aplastadas o los carritos de madera chambones que hacían nuestros padres con retazos de madera, pero de verdad, no existían las maravillas de la tecnología como hoy, que nos sumergen en un mundo que nunca nos llevará a ningún otro lado que la frustración misma.

Y aunque no podemos comprar la felicidad, todos los días seguimos comprando, compramos para contrarrestar la depresión, compramos más para matar las penas, consumimos, consumimos y desechamos, “trabajamos en labores que odiamos para comprar cosas que no necesitamos”. Lo que consumimos es lo que somos o lo que aspiramos ser en un futuro cercano y el consumismo nos vuelve esclavos y nos lleva a vivir en una fantasía que distorsiona nuestra realidad, de lo que somos y de lo que nunca seremos".