martes, 4 de octubre de 2011

NO PIERDA EL TIEMPO, NO VOTE






¿Realmente para qué Vota? ¿Realiza un acto concienzudo del proceso electoral? ¿Se toma la MOLESTIA de analizar los candidatos y sus propuestas? ¿Cree que su voto sirve para algo? ¿Se ha sentido realmente conforme, identificado o representado alguna vez? ¿Es democracia escoger entre un par de patéticas opciones? ¿Toca conformarse con el “es que es el menos peor”? ¿Cree que hay alguna verdadera diferencia ente su candidato y los otros? ENTONCES NO PIERDA SU TIEMPO. Para qué se va a levantar temprano un domingo, el único día que tiene de descanso, a hacer tremenda fila, levántese más bien a hacer algo productivo, hágase responsable directo y activo de su entorno, de su casa, de su edificio o barrio, de su ciudad, de su país, de su mundo.
La democracia actual no promueve la igualdad del hombre, la democracia actual en nuestro entorno se convirtió en un rentable negocio, negocio de la política, política del estomago; el que más reparta y prometa repartir; y como hambre es lo que más hay en este país, sancocho para los pobres, bufé para los ricos. Para lo único que sirve el voto es para legalizar al tirano de turno, votar es como jalar del gatillo en la ruleta rusa, lo mejor que puede pasar es que no pase nada. Más bien, debería concentrarse en sus responsabilidades como ciudadano y habitante de este espacio-tiempo y no estar legalizando oportunistas gamonales.
Si el voto cambiara algo, sería ilegal, como es ilegal que nos gobiernen políticos corruptos que saquean y expropian los recursos de todo, y que además son “legalizados” por menos de la mitad de la población hábil para ejercer el sufragio; como en las pasadas elecciones donde el porcentaje de abstención fue superior al 50%. Dato que coincide con el promedio histórico de abstención nacional.
La invitación es, entonces, hacer una abstención política racional, tomar una a decisión consciente del ausentismo electoral como expresión de nuestro desacuerdo y rechazo al sistema político. No tenemos que adaptarnos a ningún sistema de gobierno, porque es el pueblo el que vive el día a día y es quien conoce el entorno, las técnicas y las necesidades; es el gobernante simplemente un funcionario de turno electo para ser el vocero del pueblo.
De este modo, el ganador no tiene mucha importancia; si no fuera por los muchos millones de rentabilidad que se le pueden sacar a una administración pública y por lo cual tantos gamonales están tan interesados en meterle el diente, con ganas de quietarle el negocito a la dominante clase burguesa.
Sea lógico, votar, desde un punto de vista estrictamente instrumental, como es bien sabido, es irracional. Las probabilidades de influir en el resultado son mínimas y el premio nunca compensaría el esfuerzo de acudir a las urnas.
Eso de votar por deber moral o constitucional no es más que carreta utilizada para etiquetarnos como buenos "ciudadanos", "católicos", "trabajadores", "socialistas", "pacifistas", "ecologistas", “hombres”, "mujeres", etc. Etiquetas que nos roban la autenticidad e individualidad, nos domestican y nos frustran, que nos dictaminan que hacer y que no hacer, el ser humano se hacerse libre a través de la conciencia de las responsabilidades y del hacer ético de su labores. La participación electoral puede llegar a darnos satisfacción personal, como efecto placebo de hacer algo al respecto de lo nos incumbe a todos, pero el voto no es consecuencialista y no representa una responsabilidad cívica-social seria.
No alimente falsas esperanzas, si lo hacemos todo igual, nada va a cambiar. La sociedad, las creencias, las leyes, las religiones, las diferentes culturas y maneras de ser, los gobiernos, las escuelas, los acontecimientos sociales y las celebraciones, dependen directamente de cada uno de nosotros y de nuestras acciones al respecto, no delegue a otro lo que le concierne a usted; ni mucho menos cuando se ha demostrado que esos delegados casi siempre terminan apoderándose y derrochando lo que es de todos.
El objetivo es traspasar los límites de la decisión individual, alcanzar una inhibición total, dejar en Jaque-mate al régimen político y al sistema partidario y generar relaciones con ese otro que comparte espacios simbólicos y físicos conmigo; ver como entre todos nos podemos beneficiar. Deje de culpar al Gobierno, al clima, a sus padres, a la religión, a Dios de lo que acontece a su alrededor, deje su televisor a un lado, explore el mundo, tome conciencia de la realidad, el tiempo es ahora; haga lo que tenga que hacer, pero recuerde, ¡NO VOTE, NO PIERDA EL TIEMPO!

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