
El radiante sol, ha tornado algo rojizo, para caer en una imparable capa opaca. Las blancas nubes se han agrupado hasta alcanzar un denso gris casi morado... Al parecer va a llover. Estas nubes se deslizan hacia arriba, en la ladera de la verde montaña que ha tomado un color plateado, para hacerse cada vez más grandes.
Espero que está noche se derrame toda esa agua que se anda represando allá arriba en pico de la montaña. El gris se pone cada vez más denso, el techo empieza a tronar con un impresionante vozarrón que se hace oír, entre nubes se comunican con sorprendentes y avivantes rayos que desafían al sol que se pone tímidamente con sus últimos rayos detrás de la montaña del frente. En el pueblo todos se ponen ansiosos, todos van de prisa, todos quieren llegar a sus casas antes de que llueva; porque parece que va a llover.
Ansioso y muy agitado de la bicicleta llego a mi casa, al pasar por el jardín caen un par de gotas que se interponen en mi camino. Me apresuro y en el garaje cuelgo a mi caballito de acero con una melancólica mirada, como cuando se deja a un amigo. Entre todo el rebujo de mis recuerdos desempolvo mi pequeño bote flotante, aquel que usaba en el rio cuando aún era un infante.
De mi armario, saco mi mochila de aventura que siempre mantengo lista, la que uso principalmente cuando quiero escapar de mi mismo. Me asomo a la calle, pero aún no llueve, las grandes y ahora casi perdidas nubes en la oscuridad de la noche mantienen mi esperanza.
Corro a la cocina y empaco un poco de viandas, apresurado, subo al techo de mi casa, me monto mi mochila al hombro y comienzo a inflar mi bote. Me siento y espero, parece que esta noche lloverá… esta noche no sólo lloverá, esta noche caerá una gran tormenta, y las ávidas y fuertes aguas inundaran el pueblo con sus ancestrales y rigidas costumbres, con suerte algunos morirán. Las aguas crecerán hasta convertirse en imparables manantiales y entonces yo lanzaré mi bote y me meteré en el, y mañana en la mañana llegaré mojado y frio, mochila al hombro a la puerta de tu casa.
Por ahora sigo aquí, sentado en el techo de mi casa, listo para navegar, porque esta noche lloverá y será una gran tormenta, y después de tanto tiempo volveré a verte, porque esta noche lloverá… al menos eso parece.
Yorick Doe

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